Mi biografía escolar comienza en España, en una escuela publica pero católica, en 1990, donde yo era la extranjera y donde se naturalizaba bastante el castigo; de hecho recuerdo mi maestra Josefina poniéndome de cara a la pared para pedir perdón a Dios por haber mentido en un cuestionario (mentiras fantasiosas de una niña de 6 años) o de rodillas por copiarme de un libro en una prueba (primer y segundo grado). También recuerdo muy fuerte y me quedó hasta adulta un poco, el tapar lo que escribo con la mano que queda libre para evitar que alguien se copie de mi. Más allá de estos hechos, esa misma maestra luego me ayudaba a hablar valenciano, me facilitaba los trajes y disfraces para los actos escolares, y a su modo me daba afecto.
Luego, de regreso a la Argentina y a Marcos Paz específicamente, tuve maestras muy amorosas, muy pertinentes, las recuerdo muy tranquilas, con un trato justo y brindando las materias de la mejor manera posible. La señorita Licha, la señorita Cristina, en mi querida escuela 5, sin embargo no encuentro una experiencia destacable por varios motivos: yo fui una alumna muy correcta, con un alto grado de adaptabilidad al sistema educativo en sí, al menos en mi rendimiento académico, destacandome en la escritura y la lectura, siendo abanderada desde entonces y hasta finalizada la secundaria, hallando muchisima satisfacción en ese "mejor alumna" (y confieso, siempre bromeamos con mis padres sobre si al final los metodos ortodoxos de la maestra española fueron o no efectivos).
Sin embargo, si quedó grabado a fuego en mi, la intervención de una profesora de musica con el curso de 7mo grado, estando yo en 6to, que para el acto escolar del 12 de octubre propuso una dramatización con musica de Taki Ongoy, de Victor Heredia, que nos dejó boqui abiertos a todas las niñeces. Me pareció de una profundidad y despertó en mi un deseo profundo de aprender y enseñar a través del arte, como experiencia estetica capaz de movilizar corazones y mentes.
Durante la secundaria, continué destacándome, sin embargo ya me gustaba denunciar los males de la sociedad, pero siempre de un modo intelectual argumentado por lo cual aunque los docentes claramente no pensaran igual, les encantaba oirme, pero yo ya percibía altos grados de discriminación en muchos de ellos, sostenidos en prácticas autoritarias, era el 2000.2001, y ya se sentía la deserción escolar muy fuerte, y yo me preguntaba cómo era posible, mientras recibíamos zapatillas firmadas por el entonces Gobernador Ruckauff. Por aquel entonces, teniamos una directora que era muy rígida, que infundía miedo, pero también supo tener sus gestos tiernos, o quizas hoy puedo ponerla en contexto. En 2002, ya en mi ultimo año de Polimodal, una docente Socióloga, nos invitó a ser parte de un homenaje a los detenidos desaparecidos de Marcos Paz, y esa fue la primera vez que yo escuché hablar del tema, siendo parte de mi cotidiano el silencio y el secreto, de no quedar expuesta en la historia de mi familia, aunque algunos lo intuían, me llamaban "Victoria la socialista" y me proponían hacer trabajos con otros para que mis compañeros pudiesen subir las notas. Volviendo a la docente de Sociología, no encontró apoyo por parte de la escuela, y fuimos como estudiantes suyos, un grupito de 6 chicos y chicas, y para mi fue un momento conmovedor.
Pero fue en la UNA (ex IUNA) donde todas mis estructuras, pensamientos, y deseos se vieron sacudidos por completo. Yo iba a seguir Cs. Politicas o Sociología, pero la crisis economica y social hizo que tome un tiempo, y allí profundicé de manera autodidacta y con mucha guía de mi familia, que siempre me ofrecieron otra version de la historia oficial, otro cine, otra musica, otras lecturas, y el arte se puso a disposición de mis inquietudes sociales, entonces me formé como educadora popular en la práctica misma, mientras leia poesía y bailaba, mis dos pasiones desde niña. Descubri a mi primera Maestra en el camino de la Danza: Maria Fux, quien me introdujo en la Danzaterapia y su modo de llegar y tocar las vidas de tantas personas en sus diversidades aun poco valoradas para aquel entonces. Y de allí a las aulas de la UNA, a Expresión Corporal, y creo que todo lo que es deseable para una infancia desde el nivel inicial, lo pude vivenciar recién en la facultad: sentarnos en ronda, preguntarnos por el cuerpo, sentirnos, profesores y profesoras que me invitaron a bajar de la cabeza a los pies, y expandir el conocimiento a través del corazón, pero no como un cliché, sino a través de una práctica que era pensada y un pensamiento que era desafiado en la práctica, el encuentro con los otros, la pasión de quienes enseñando transformaron sus vidas, y la de otros, la mia propia, y saberme parte de un enfoque integral del ser humano, donde el cuerpo no puede estar fuera, y donde aprendemos a ser, estar y con-vivir desde, con y entre cuerpos. Susana González Gonz, Aurelia Chillemi, Osvaldo Aguilar, Raquel Guido, Olga Nicosia, Carlos Skliar; y la gran Patricia Stokoe, que solo leerla y verla en videos y a traves del testimonio de sus colegas y alumnos hoy referentes de la Expresión Corporal, ella llega a mi aun a traves de su palabra escrita, en una disciplina que la convocó a trabajar para incluir esta dimensión del cuerpo en la escuela.
Mi modo de ejercer el rol docente, la enseñanza, tiene que ver absolutamente con todas estas experiencias, positivas y negativas, de comprensión de contextos, miradas, personalidades, seres que pudieron estar en apertura y conexión, y seres que se vieron limitados. Pero todos y todas hicieron parte, para pensar y reformular sensiblemente esa danza entre teoría y practica, y la disponibilidad, estar disponibles y en presencia, sensibles y con herramientas, pero también desprovistos de dogmatismos, o cuestionandolos cuando se nos filtran y emergen.
Leyendo a mis colegas, mencionan docentes que tambien conocí, quizás ya a punto de jubilarse algunos y por ello más abiertos en experiencia. Pero me queda resonando esa tensión y confrontación de epocas, entre el respeto a la autoridad docente, los autoritarismos, nuestras represiones como estudiantes, y por otra parte la avanzada en la inclusión de lo afectivo, lo relacional, pero el desdibujamiento de ciertos limites, la crisis de los bordes y la necesidad de tender puentes.
Sigo creyendo en el encuentro transformador entre docentes y estudiantes, y la apuesta creativa, artesanal, por nuestras prácticas en el aula.
Fotos de diferentes talleres de Sensibilización sobre Convivencia Escolar en escuelas secundarias y con familias, bajo mi coordinación.


