A lo largo de esta cursada, hemos analizado el impacto de las tecnologías en el aula desde diferentes perspectivas: el FODA nos permitió reconocer tanto sus posibilidades como sus desafíos, trabajamos con modelos de integración TIC como el SAMR, diseñamos estrategias de evaluación digital y reflexionamos sobre la ciudadanía digital y sus implicancias. Todo esto nos llevó a pensar no solo en cómo incorporar herramientas digitales en la enseñanza, sino en la responsabilidad ética y pedagógica que implica su uso.
Desde mi rol como docente de Expresión Corporal, este recorrido me confronta con un desafío particular: ¿cómo integrar las tecnologías en una materia cuyo eje central es el cuerpo en movimiento, la vivencia y la experiencia sensorial? En un mundo donde las pantallas median gran parte de la comunicación y los vínculos, mi tarea no solo se trata de evitar que la tecnología reemplace la corporalidad, sino de utilizarla de manera consciente para fortalecer la presencia, la expresión y la construcción de identidad de los y las adolescentes.
La ciudadanía digital es un aspecto fundamental en este proceso. Los adolescentes transitan su desarrollo en un entorno donde la exposición, la validación externa, los maltratos en redes y los peligros asociados a la sobreexposición son parte de su realidad cotidiana. Como docentes, no podemos desconocer estos escenarios. Nuestra labor no se reduce a enseñar contenidos, sino a acompañar la formación de sujetos críticos que puedan habitar tanto el espacio digital como el físico con conciencia, respeto y cuidado.
En Expresión Corporal, trabajamos con la identidad, la emocionalidad y la construcción del sí mismo a través del cuerpo. En este sentido, la educación en ciudadanía digital cobra una relevancia especial: los cuerpos adolescentes están expuestos no solo en el aula, sino en los espacios virtuales que habitan, y esa exposición puede tener consecuencias en su autoestima, en sus vínculos y en su bienestar. Incorporar estrategias que fomenten la reflexión sobre el uso de las redes, la autoimagen y los vínculos digitales es clave para una educación que no solo informe, sino que también cuide.
Por ello, la integración de las TIC en mi práctica docente no puede ser un mero traslado de herramientas digitales al aula, sino una oportunidad para ampliar el campo de experiencia de los y las estudiantes. Desde la creación de narrativas corporales en video hasta la exploración de proyectos que vinculen el cuerpo con la tecnología (como la danza y la inteligencia artificial o la performance en entornos digitales), las posibilidades son múltiples. Pero sobre todo, la tecnología debe ser una aliada para reforzar la conciencia sobre el cuerpo propio y ajeno, promoviendo una vivencia del movimiento que respete la diversidad y los procesos subjetivos de cada estudiante.
En conclusión, esta cursada me permitió comprender que el desafío no es elegir entre lo digital y lo corporal, sino construir puentes que permitan integrar ambas dimensiones de manera crítica, creativa y ética. La educación actual nos exige no solo enseñar contenidos, sino formar sujetos capaces de habitar sus cuerpos y sus entornos —físicos y digitales— con conciencia, respeto y libertad.

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